El mundo visita Oslo
Hace 16 años se estableció en Oslo, Noruega, el World Music Festival, y el mundo era otro. Como en la época de la creación de esta publicación - que lleva el mismo nombre- dicho festival se gestó en un mundo menos globalizado que el de hoy, cuando a pesar de tener presente cierta integración y avanzada comunicación, las barreras culturales se veían más patentes.
Dentro de ese escenario mundial y espcíficamente de una Noruega más bien arrinconada, sus fundadores apuestan entonces por traer al país música de primera calidad desde África, Asia y América Latina, buscando así una fusión cultural con fines - innegables- algo políticos. La idea fue acertada.
Con la bandera progresista y antiracista se fue desarrollando año tras año un ciclo multicultural que enriquece a la capital. “El Festival hace con que nuestra sociedad vea el mundo desde otro ángulo” apunta Alexandra Archetti Stølen, quien es la responsable del Festival desde el año 2006.
Según Alexandra, el concepto World Music explotó hace diez años, juntamente con los cambios políticos sufridos en el mundo. Pero si al principio la idea era traer nuevas culturas que no llegaban al país, la estrategia habría que cambiarla, porque ese papel hoy lo ocupa la red. De modo que ya no tiene el mismo significado, lo que no le quita importancia.
Distintos colores para un noviembre tan gris
No es ninguna novedad el frío que llega a hacer en Oslo, eso todos lo sabemos. Y sus habitantes están constantemente buscando maneras de burlar el tan temido viento polar. La fecha en la que se realiza este festival es por demás estratégica: es el principio del frío. En ese período las últimas hojas secas de su magnífico otoño desaparecen dejando en su lugar la tierra mojada y desteñida; y el cielo antes de un azul profundo adquiere una tonalidad que carece de definición.
En ese entorno la ciudad da la bienvenida a sonidos y colores que remiten a lugares lejanos, quizás con mejores temperaturas. No cabe dudas que la música tiene ese poder, y en cada edición del World Music Festival la capital se disfraza con los distintos colores venidos del desconocido.
Porque sí, el lema del evento es traer siempre algo nuevo. Como regla general los artistas invitados no cantan en Inglés (demasiado familiar para los locales) y se privilegia la originalidad -algo en alta en los días de hoy- lo que conlleva al despertar de una aguzada demanda. “Es cada vez más común ver a las atracciones que traemos volver al país el año siguiente, pero en el cartel de festivales más comerciales y abragentes” se enorgullece al decirlo Alexandra, lo que refuerza la idea de que hay un creciente interés por lo que existe allá fuera de Noruega.
Y esto es precisamente algo que la organización del festival trata de sacar provecho, incrementando la búsqueda por un público cada vez más amplio e interesado en ver el mundo de cerca.
Nouvelle Vague, Ketama o Ojos de Brujo (los últimos, vuelven para esta edición) son ejemplos de grupos que han sido traídos a Oslo por primera vez para este festival y que han cosechado un interés popular más genérico posteriormente.
La caracterización es regional: Identidad y Raíces
Como de costumbre, cada año hay un tema principal que guía a la organización en la elección de los artistas invitados para que encajen dentro de un determinado concepto: el año pasado ha sido “Voces de Mujer” y el anterior “Fronteras”. Este año el tema es “Identidad y Raíces”, con música y performances que miran hacia sus tradiciones, aquí catalogadas como “no europeas” y las reinventan, transformándolas en algo nuevo.
Es curioso ver como lo que es tradición para unos, para otros es algo excéntrico o novedoso. Pongamos por caso el brasileño Gilberto Gil, ex Ministro de Cultura de su país, quien se presenta este año junto a su hijo, Bem Gil en medio a gran expectación -por lo menos por parte del público especializado- por la novedad que implica un espectáculo suyo sin demasiada instrumentación: él y su hijo tocan las guitarras acústicas y Jaques Morelenbaum el violonchelo. Pero Gil es también junto a Caetano Veloso, el símbolo del Tropicalismo, movimiento artístico que invadió las calles de Brasil en los años sesenta revolucionando el panorama: mezclando las tradiciones musicales de aquel país todavía sin una identidad marcada con el rock anglosajón, y regalándolas al mundo.
Así que esta edición del festival, como su tema lo sugiere, está dominada por la mezcla de géneros. La apertura estará a cargo del espectáculo “Diálogos”, del cantaor español Miguel Poveda junto al bandoneonista argentino Rodolfo Mederos- proyecto este que se ha estrenado el año 2006 en Sevilla y después de pasar por ciudades de España y Argentina, visita Oslo.
El maliense Toumani Diabaté, miembro de una casta que lleva pasando de padre a hijo las habilidades del manejo de la kora, y quien ha sabido superarse transitando por diversos géneros musicales en sus colaboraciones, esta vez tocará acompañado de la Orquesta Noruega de Radio (KORK) como parte de su gira “The Mandé Variations” , resultado de su último álbum solo.
Faiz Ali Faiz, quien como Diabaté ha colaborado con músicos españoles en el pasado y también lleva su arte en la sangre que corre por sus venas (pertenece a la séptima generación de cantantes de qawwali) es una ‘superestrella’ en Pakistán, su tierra natal, donde es conocido como “El Pavarotti del Qawwali”. Siendo así, su espectáculo, “Jaadu” junto al francés Titi Robin -un guitarrista apasionado de la música gitana, que ha direccionado su carrera hacia los sonidos del Oriente Próximo y Asia- promete ser un interesante puente entre Occidente y Oriente coronado por la improvisación que flota entre tradición y renovación.
A disfrutar, que son siete días
Entrando en el universo de la electrónica (que por cierto, parece encajar en cualquier festival en estos días) se podrá ver al grupo francés Caravan Palace, o al mismísimo Buegge Wesseltoft, pianista noruego considerado unos de los creadores del NuJazz, quien estará presentando su proyecto Casablanca Soul Explosion al lado del DJ Michy Mano, marroquí radicado en Oslo y figura conocida en la escena por su estilo único y que además es en gran parte el responsable de la introducción de los músicos de jazz a los músicos inmigrantes habitantes de Oslo, lo que viene generando buenos frutos a lo largo la de última década.
Y por supuesto, hay mucho más. Entre raperos de Cuba (Kumar) o Sudáfrica (BLS JKS); pasando por el argelino ahora radicado en Francia y conocido como el rey del rai, Khaled, presentando a su último álbum, Liberté; la cantante de Fado portuguesa Katia Guerreiro; hasta Staff Benda Bilili, formación venida de la República Democrática del Congo, prometiendo un groove con bases en el reggae, funk, mambo y R&B sacado de instrumentos elaborados y producidos por ellos mismos.
Para los que quieren ser parte de la fiesta habrá milonga argentina con derecho a clases de tango, Bollywood party, y un día dedicado a los niños, con entrada gratis, donde la organización asegura que ‘el mundo entero se encontrará en un solo lugar’. Todo eso dispersado por la pequeña y cada vez más oscura Oslo durante exactos 7 días. Ya veis, parece que los nórdicos al fin y al cabo también saben divertirse.
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