
The Felice Brothers
Yonder Is The Clock
Team Love
Hay mucho que decir. Tanto, que se me hace difícil decidir por dónde empezar.
Que es una familia, en la cual el que no es hermano de sangre termina por ser adoptado y juntarse a la fiesta; que se crearon en las montañas de Catskill, no por casualidad la misma región que ha cultivado y gestado a nuestra ya preciada The Band; que tienen ahí, latente el
espíritu (aunque este aún viva) de Dylan, atemporal con toda su gama de estilos- ya no hay manera de escapar.
Porque en este tercer disco, los hermanos siguen emulando al de Duluth, pero han ido más allá.

Si antes el Country-Folk era la regla, ahora han decidido romper las atas y ya es difícil ponerles cualquier rotulo. Las comparaciones quedan pequeñas y los chicos se proponen hacerse hueco
y reivindicar su arte. Me parece que van en serio.
Empezar por un tema como Big Surprise, que por cierto nombra su gira, de manera tan dramática sobrepasa los cánones Folk y da una paso más allá. Para luego romper el ritmo con Penn Sation y retroceder en el tiempo aún más, en una referencia a las fiestas, gritos, palmas, etc, de los
inmigrantes en su nueva tierra. Puede que el estilo sea Americana, puede que sea esa la verdadera música popular americana, pero con un tema como estos podemos ver de manera nítida de dónde viene y que ahí hay mucha mezcla. Y este no es el único tema que nos lleva así tan lejos porque luego, ¿y por que no? Chicken Wire es más Rock and Roll que cualquier otra cosa. En Sailor Song, el piano marca un ritmo casi a la moda de la Chançon Française aunque no seria raro pensar por un segundo que sea en Tom Waits por la vocalización. Y por ahí la cosa va... redonda.
Que si fuera tan solo por la efervescencia musical que sale de los parlantes cuando suena este álbum, uno termina contento. Pero es que por detrás de la fiesta pueblerina aún están las letras curradas, llenas de sentimiento que para sazonar aún más el plato mezclan este sonido y voz tan añeja con temas de los más actuales, que pueden hablar tanto del ritmo ajetreado neoyorquino, como la vida en el campo, de problemas sociales, del dolor o del amor y tan sutilmente.
En resumen, este disco es pasión. Pura y cruda. A disfrutarlo.



