Increíble. Si hace falta definirlo en una palabra, increíble.
Nacido en Nashville, líder del Screamin' Cheetah Wheelies en los noventa y católico recuperado tras haber vivido el Rock'n Roll muy intensamente, Mike Farris ha desarrollado desde el lanzamiento su álbum “Salvation in Lights” una carrera de 'pies secos y espaldas sudadas', como él mismo define a su música.
Después de presentarse en el Azkena Rock Festival en el País Vasco como “Mike Farris & the Roseland Rhythm Revue”, ha sido el momento de mostrarse más bien desnudo, o en solitario, y probar que la voz negra no tiene nada que ver con el color de la piel. Con una mezcla de Gospel, Soul, Blues y todo el sentimiento y ganas posible en un solo ser, Farris nos ha despegado del suelo. Empezando en el típico banquillo alto de 'cantor con su guitarra' con la balada de Seeger “Mary Don't You Weep”, el músico siente el peso de su propio sonido, y baja el taburete, dejándolo más cercano al suelo: “Así no se podía tocar”.
Lo hace para poder pisar tan fuerte, que saca fuera a su monstruo interno y lo comparte con nosotros. La audiencia agradece ilusionada y con reciprocidad, cantando, gritando, casi (porque sería imposible) con la misma intensidad, y sus 'backing vocals' de la Roseland Rhythm Revue mezcladas entre la gente añaden sabor al coro que llenaba la Zac. Siguen temas de raíz sureña dedicados a la 'gente de pueblo'; las bromas a lo “bluesman” cuando ríe de si mismo y canta que 'El Diablo no duerme hasta la noche'; homenajes a sus pasiones musicales como la cantante Gospel de los sesenta Sister Rosetta; y temas country tradicionales como “Green Green Grass Of Home”.
Al cantar Farris que 'pronto acabarán todos los problemas del mundo', uno casi se lo cree, tanta es la emoción que pone en cada palabra y cada nota. La misma que ha hecho con que los presentes salieran de tal espectáculo con un repentino sentimiento de felicidad.
Para entender, aqui
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