Hay una luz que me persigue y casi me mata
Hay tanto amor y pasión dentro de ese cuerpo que casi todo lo que viene de fuera se atasca.
Vale la pena abrir los ojos por una sola vez y atreverse a enfrentarla.
Se me quema la ropa, se me arden las cejas, y desfugurada tengo la cara.
Una vez no mire, una vez me paré, intentando pensarla.
Hace falta meterse los dedos en los ojos y decirse a uno mismo
(que) una y otra vez se reinicia con toda carga.
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